viernes, 10 de junio de 2011

El feminismo ha pasado de moda, y lo que en los años setenta fueran verdades recién dichas, descubrimientos heroicos, hoy son obviedades que da vergüenza repetir. El feminismo ha dejado de ser un proyecto revolucionario, un futuro prometedor, y hoy se ha convertido en una realidad que, lejos de ser "ideal", es triste y dura. La realidad atestigua que el feminismo no ha pasado en vano. Igual que los huracanes tropicales arrasan las costas americanas, el feminismo ha arrasado la familia, y las rupturas o crisis matrimoniales están a la vista. Las jóvenes generaciones se distancian -y con razón- de sus mayores. La imagen que los mayores ofrecemos no es ciertamente muy linda; también nuestras esperanzas están en las generaciones futuras. Sabemos, por algo somos más viejos, que no basta con criticar ni con "llevar la contraria"; que el cambio conlleva tiempo y que el tiempo es vida. Cambiar el mundo interno -no digamos el externo- no es fácil, supone dolor y esfuerzo. No basta con decirlo, hay que vivirlo para lograrlo. Pero los padres ya no somos un ejemplo para los hijos y ellos se encuentran solos; obligados a inventarse su propio ejemplo, necesitados de descubrir en sí mismos qué significa "hombre", "mujer", "padre", "madre", "familia"... No es fácil inventarse ideales pero, menos aún, ponerlos en práctica. La Historia está sembrada de buenas intenciones y de "malos ejemplos"...

Magda Catalá.
Barcelona, Mayo de 1982

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